Historia del Arpa Paraguaya
Fuente:
Mauricio
Cardozo Ocampo: Mundo Folklórico Paraguayo,
Asunción 1991, vol. I, pp. 215-21.
Haremos una brevísima historia
de este instrumento transculturado, para llegar
a nuestro objetivo que es el de explicar el
porqué decimos al arpa de nuestro medio: arpa
paraguaya.
El arpa
es uno de los instrumentos más antiguos que
recuerda la historia de la humanidad y según nos
dicen las Sagradas Escrituras, el rey David, ya
la tocaba.
En su
origen tenía pluralidad de formas, pero existían
dos tipos principales: el arpa angular
originaria de Egipto y el arpa arqueada o
combada, del África.
Este
instrumento llegó a las costas atlánticas de
Sudamérica, con los españoles que, buscando un
paso hacia el océano Pacífico, se adentraron en
los ríos De la Plata, Paraná y Paraguay;
descubriendo así la región que más tarde sería
la República del Paraguay. Estos territorios
estaban poblados por los indios
Carios-Guaraníes, quienes deslumbrados por sus
carabelas, sus armas de fuego y artefactos
metálicos, no rechazaron a los intrépidos
ibéricos. Además, según las crónicas de aquellos
tiempos, entre los que acompañaron al navegante
Sebastián Gaboto en su viaje al Río de la Plata,
en el ano 1526, arribó también un tañedor de
arpa de nombre Martín Niño.
En 1537
se funda Asunción, pero los conquistadores
españoles llegaron con muy pocas mujeres. Los
amistosos indígenas guaraníes, les ofrecieron
sus mujeres para tenerlos como tovaja
(cuñados) y ganarlos como aliados en su
permanente lucha contra los temibles indios
pámpidos guaicurúes chaqueños.
Y así,
en unas pocas décadas, en la estructura
demográfica de la provincia del Paraguay,
comenzaron a predominar los mestizos, hijos de
padre español y de madre indígena.
El
arpa paraguaya se originó en la fusión de
estas dos culturas: la hispánica y la guaraní.
Este
instrumento fue adoptado por los paraguayos,
quienes lo perfeccionaron a su manera, con
madera americana, creando su propio repertorio.
La
estilización de este nuevo instrumento significa
un aporte para el arte musical; puede decirse
que es valor representativo el hecho, de que en
el crisol de América, la unión de dos razas
diera nacimiento al mestizo, que dejó de ser
indio y español, para ser paraguayo.
En esta
eclosión americana, el instrumento fue
remodelado para convertirse en arpa
paraguaya, merced al ingenio guaraní.
El
instrumento que había llegado a América con los
europeos, con simples aditamentos en su
construcción, impresionó vivamente al mestizo.
Este, con su disposición innata para el arte
musical, reconocida muy especialmente por los
misioneros jesuitas y franciscanos, lo construyó
con maderas nativas.
La
evolución del arpa clásica no afectó mayormente
a la paraguaya, pues ésta tomó otros rumbos en
su progresivo mejoramiento. Un ejemplo de ello
es la no adaptación de los pedales y clavijeros
mecánicos que facultaban a la clásica para
modular en distintas tonalidades, de ello, el
arpa paraguaya resulta con ciertas posibilidades
disminuidas, al no poseer la escala cromática,
originada por esos nuevos elementos, sin embargo
se halla beneficiada en la sonoridad, claridad y
consistencia.
Sus
cultores, a pesar de su afinación diatónica,
hacen maravillas al ejecutarlo. Realizan su
aprendizaje de generación en generación a través
de la versión oral, creando una técnica
propia, ejecutando la melodía con la mano
derecha, usando las uñas en lugar de las yemas
de los dedos como los arpistas clásicos; el
acompañamiento lo hacen con la izquierda y en lo
referente al modo de interpretar su música,
tienen una personalidad bien definida.
El arpa
que llegó de Europa ha tomado carta de
ciudadanía en América y así podemos apreciar su
presencia en Méjico, Venezuela, Perú, Chile y
Argentina, pero en esos países se usa como
instrumento de acompañamiento, en cambio en
el Paraguay se lo utiliza como instrumento base
de conjuntos y su difusión es intensa y en
cuanto a su estructura, difieren
fundamentalmente entre sí. En manos de los
arpistas paraguayos, sirve tanto para acompañar,
como para tocar como solistas.
A Buenos
Aires llegó y cautivó con su arpa paraguaya, el
desaparecido arpista Félix PÉREZ CARDOZO,
quien fue un verdadero pionero de este
instrumento. Este artista extraordinario sembró
toda una escuela en la ejecución del arpa y
además le agregó cuatro bordonas, elevándolo, de
las treinta y dos cuerdas tradicionales, a
treinta y seis. Creó varias composiciones que
pasaron a pertenecer al repertorio permanente de
los tañedores paraguayos y de otras latitudes,
como las polcas "Llegada", "Tren lechero", "Angela
Rosa", "El sueno de Angelita", "Mi despedida",
"María Elsa" y otras.
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